18 de junio de 2022

"Dadles vosotros de comer"

CORPUS CHRISTI- Gn 14, 18-20/1 Cor 11, 23-26/Lc 9, 11-17

 

. Solemnidad del Corpus Christi. Fiesta de la Eucaristía. Desde el siglo XIII la Iglesia quiso proponer, fuera del triduo pascual, la contemplación, adoración y celebración del Misterio Eucarístico que se conmemora el Jueves Santo. Porque la Eucaristía no es un mero símbolo o metáfora de la Presencia del Señor, sino Presencia real de Cristo mismo que se entrega por todos.  El texto del evangelio nos recuerda la multiplicación de los panes y peces para significar que Jesús, con su Palabra, con su Cuerpo, con su Vida, con sus acciones, es el alimento capaz de saciar el hambre de cada persona; se muestra compasivo, misericordioso, preocupado por cada persona, por cada uno.

 

. Jesús bendice el pan, lo parte, ofrece, distribuye a la multitud… entrega su vida para que todos participen de ella.  Su Presencia nos alimenta, su Palabra nos orienta y al comer su cuerpo y beber su sangre comemos y bebemos fraternidad, hermandad. Es un don gratuito que nos empuja a hacernos pan, a darnos como pan, a compartir, a hacernos nosotros Eucaristía. La Eucaristía es el gran signo del amor divino al hombre que alimenta la fraternidad, que nutre la comunicación de bienes. Por eso, frente a la impotencia de los discípulos ante la multitud, dice: "dadles vosotros de comer". Y así, unos a otros "nos damos de comer": padres, profesores, alumnos, sacerdotes… voluntarios, Cáritas… Y no nos reservemos para nosotros la gracia recibida. Son doce los cestos sobrantes, somos nosotros ahora los discípulos de Jesús, invitemos a todos a saborear y a vivir el gran don de la presencia de Dios entre nosotros.

 

. Este domingo se celebra el Día de Caridad, y que este año coincide con el 75º aniversario de la fundación de Caritas.   Bajo el lema "Somos lo que damos. Somos amor", la campaña invita a "orientar nuestros anhelos y propósitos desde el aprender a amar y el dejarnos amar por los demás" y recuerda que el amor es "lo único que da sentido a nuestra existencia", el motor que "nos hace avanzar y proyectar el bien común" y "alumbrar horizontes posibles de esperanza, de oportunidades y de vida nueva". Tras "dos años de pandemia seguimos transitando tiempos desolados, marcados por una profunda crisis, a la que se ha unido la inestabilidad causada por la invasión rusa de Ucrania y el peligro de desestabilización internacional, ante ello, Cáritas contrapone, y a pesar de las incertidumbres, numerosos "brotes de una fraternidad universal que traspasa todas las fronteras y que tiene su origen en el amor que somos".

 

. Por eso, en este día "queremos poner en valor el amor por los demás como propuesta de vida: una invitación a la comunidad cristiana y al resto de la sociedad a construir nuestros proyectos personales y colectivos de vida desde un amor concreto y social, un amor de mesa compartida, comprometido con todo lo que nos importa: con las personas, y en especial, con aquellas más frágiles y vulnerables". Y, para ello, se proponen gestos sencillos que permitan a las personas ser esperanza, justicia y amor para los demás. "Se trata de situaciones concretas y cotidianas, como mirar con ternura, escuchar con paciencia, cuidar la fragilidad, compartir con generosidad o denunciar la incoherencia que genera injusticia". Y es que, todos los seres humanos "somos capaces de una solidaridad y una generosidad inmensas que brotan de nuestro interior cuando nos conmovemos ante el dolor de los demás". Palabra y Pan. Mesa y Vida en la sencillez de la auténtica fe.  Que así sea con la Gracia de Dios.

10 de junio de 2022

"... os guiará hasta la verdad plena"

Se preguntaba S. Agustín: "¿Estás pensando qué o cómo será Dios? Todo lo que imagines no es. Todo lo que captes con el pensamiento, no es. Pero para que puedas gustar algo, sabe que Dios es amor, ese mismo amor con que amamos... Que nadie diga: no sé qué es lo que estoy amando. Basta que ame al hermano y amará al mismo amor. Porque, en realidad uno conoce mejor el amor con que ama al hermano que al hermano a quien ama. Pues ya tiene ahí a Dios conocido mejor que el mismo hermano. Mucho mejor: porque está más presente, porque está más cerca, porque está más seguro". 

La fiesta de la Santísima Trinidad nos recuerda que Dios es Amor, su fuerza y su poder consiste sólo en amar. Dios se acerca a nosotros para que podamos ser nosotros mismos. Su gloria de Dios consiste en que las personas estemos llenas de vida, de esperanza, de paz y amor. La gloria de la Trinidad es que el hombre viva y, por medio de él, toda la creación adquiera sentido y cumpla su finalidad. Que sea plenamente hombre y cristiano; que no olvide que es imagen de Dios, que ha sido creado por amor y para amar; que es administrador, no dueño, de una vida que ha recibido como don; que todos somos hijos de Dios.

La Trinidad se nos revela para que cultivemos la imagen con la que estamos formados y sellados ya desde el bautismo. Creer en la Trinidad es, por lo tanto, vivirla. Abrirse a la relación, ir al encuentro del otro, buscar la comprensión, forjar la comunión. Lo dice bellamente, de nuevo, san Agustín: "Entiendes la Trinidad si vives la caridad". El amor trinitario nos habla con fuerza de la donación (generosidad plena más allá de toda posesión o consideración del otro como objeto), la comunicación (apertura, diálogo, sabiduría compartida) y la comunión (unidad sin perder la identidad), tres dimensiones que constituyen la comunidad y familia.  No solo se ponen en común lo que se dice o lo que se piensa sino lo que se ES. Este es el gran deseo que Jesús manifestó para nosotros en la Última Cena: "que sean uno...en nosotros".

Nuestra vida cristiana debe ser también comunitaria: no podemos vivir aislados de los demás. Estamos invitados a imagen de la Trinidad a construir juntos una comunidad fraterna, abierta donde podamos vivir de manera auténtica la comunión en el Amor.  Todo lo que sabemos de Dios lo sabemos a través de las obras que ha hecho por y en nosotros; y podemos resumir la obra de Dios diciendo que ha sido una obra de entrega a la humanidad: el Padre nos ha regalado a su propio Hijo, y el Padre y el Hijo nos han comunicado su mismo Amor, el gran don del Espíritu Santo.

Pongamos en todas partes el sello de la Trinidad. Sabiendo que por nuestra fe en Jesús "estamos en paz con Dios" y vivimos, aun en medio de la tribulación, "en la esperanza de la gloria que no defrauda". El Espíritu Santo, excelente comunicador, nos ayuda en este camino hacia "la verdad y el amor pleno", desde el interior de nuestro corazón.

Y en ese Amor de Dios a nosotros, de nosotros a Dios y de nosotros entre sí, se da la unión. "Que todos sean uno como Tú, Padre, estás en Mí y Yo en Ti. Sean también ellos uno en Nosotros" (Jn. 17, 21). Si amamos a Dios como Él desea ser amado por nosotros y si nos amamos entre nosotros con ese amor con que Dios nos ama, estaremos unidos a Dios para toda la eternidad. Que así sea con la Gracia de Dios.