26 de septiembre de 2026

"Manteneos unánimes y concordes..."

XXVI TO -A- DOMINGO XXV TO -A- Ez 18, 25-28/Fip 2, 1-11/Mt 21, 28-32XXVI TO -A- DOMINGO XXV TO -A- Ez 18, 25-28/Fip 2, 1-11/Mt 21, 28-32

HOMILÍA RENOVACIÓN DE VOTOS – SAN ANDRÉS-27.9.26

 

Queridos hermanos religiosos, sacerdotes, MN, familias, fieles y amigos…. Hermanos Edmond, Óscar:

 

La Palabra de este domingo:

 

. Una primera enseñanza que nos ofrece la Palabra es la llamada a la responsabilidad personal frente al bien y el mal. El profeta Ezequiel, viendo que los israelitas tenían tendencia a refugiarse en las “culpas de la comunidad” o de los antepasados, les hace una llamada a la decisión personal. Es verdad que la conducta de cada uno repercute en la colectividad y que la comunidad influye en nuestras decisiones personales, pero esto no nos exime del mérito ni de la culpa: la responsabilidad de nuestra vida la tenemos nosotros.  Podrán haber influido en una u otra dirección el ejemplo de los demás o las estructuras, la formación, el ambiente..., pero hoy la invitación es a tomar decisiones personales, siendo responsables de nuestros actos y coherentes con nuestras palabras.

 

. Nos lo recuerda la parábola de Mateo: en el fondo, quien dijo “No quiero”, pero se arrepintió, cumplió la voluntad de su padre (no así quien pronunció buenas palabras -“Voy, señor”,  pero no fue). Del mismo modo que a Juan Bautista le hicieron caso los publicanos y pecadores, pero no los dirigentes, así sucede con el mensaje de Jesús. Los fariseos decían oficialmente “sí” pero luego no cumplían; todo era pura apariencia que Jesús desenmascara muchas veces...; sin embargo, los pecadores acogen la llamada de Jesús (“Quien lo ha perdido todo o desespera o todo lo espera”, mientras que los que se consideran ya justificados no esperan nada.). Es una gran tentación quedarnos en la imagen, la fachada, la exterioridad… la comunión auténtica con Dios se realiza en el compromiso. Bien lo dice la sabiduría popular: “Del dicho al hecho hay mucho trecho”.

. Cambiar de actuación, aunque sea en el último momento es mejor que no cumplir la voluntad de Dios. Y para ello lo más importante no son las palabras sino los hechos de nuestra vida diaria, dando pasos concretos de conversión. No es tanto decir, prometer… (“No todo el que dice Señor, Señor… dice Jesús en el evangelio) sino cumplir la voluntad de Dios y hacerlo siendo conscientes de nuestra debilidad para poder así rectificar cuando hacemos algo mal. No tanto las bonitas palabras o solo buenas intenciones cuanto la conversión, el ejemplo: atender a los necesitados, realizar honestamente el trabajo, cuidar los detalles de la vida diaria, las relaciones humanas sinceras... Que el corazón quede tocado, transformado por la fe, por el deseo de tener un corazón puro, no por la rutina… Vayamos a trabajar a la viña…, esforcémonos por conquistar le Reino, armonicemos la vida con la fe que profesamos y celebramos.

 

. Y, en esta Eucaristía celebramos también la renovación sus votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia d ellos hermanos Edmond Nzenda y Óscar Ros. Por eso quiero recordar unas palabras del papa León, en su viaje a África, dirigiéndose a los seminaristas recordaba: “Deseo dirigir estas palabras, en especial, a los numerosos jóvenes de sus seminarios y de sus casas de formación. ¡No tengan miedo de decir “sí” a Cristo, de moldear íntegramente su vida según la suya! No tengan miedo del mañana: ustedes pertenecen totalmente al Señor. Vale la pena seguirlo en la obediencia, en la pobreza, en la castidad. ¡Él no les quita nada! Lo único que nos quita y toma sobre sí es el pecado. Sí, de Él han recibido todo: esta tierra y la familia en la que nacieron; el Bautismo, que los ha incorporado a la gran familia de la Iglesia; y su vocación. «¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén» (Ap 1,6)” (Luanda, Angola, 20 abril 2026).

 

. Hermanos: vale la pena abrir el corazón a Cristo y entregarlo todo, sin miedo, con confianza…: Por eso, ¡vale la pena abrirle nuestro corazón por completo a Cristo! Quizá podría surgir la tentación de pensar que Él venga a quitarles algo, la tentación de dudar en dejarle tomar las riendas de su vida. En esas situaciones, recuerden que «Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida» (Benedicto XVI, Homilía en el inicio del ministerio petrino, 24 abril 2005).

 

. Y todo hacedlo con humildad y espíritu de servicio como nos enseña el Señor Jesús y hemos escuchado en la segunda lectura de Pablo. “Siendo concordes en un mimo amor y en un mismo sentir”; siguiendo a Cristo que es el modelo de vida y “no hizo alarde de su categoría de Dios…sino que pasó por uno de tantos”. Recreando el carisma que nos dejó el P. Fundador en el año que celebramos su 125 aniversario de su “Pascua” y de la aprobación definitiva de las Constituciones de nuestra familia religiosa con el decreto “Attenta Salutarium”… desde vuestra pertenencia total a Cristo, como consagrados, señalad su presencia en medio de las familias y de los jóvenes… Fidelidad humilde; fidelidad creativa, fidelidad de servicio… a la LUZ de Nazaret….

 

. Y, como recordaba el P. Samá: “Manteneos fieles a los compromisos adquiridos”. Cultivando, sobre todo la oración de amistad con el Señor: “Las vocaciones nacen en la oración, de la oración y solo en la oración pueden perseverar y dar frutos”.

 

. Gracias a todos por vuestra presencia y oración al Señor por la fidelidad y felicidad de los religiosos y sacerdotes para que sean “santos”, coherentes y prediquen con la vidas antes que con las palabras. Que así sea con la Gracia de Dios.

5 de septiembre de 2026

"A nadie debáis más que amor mutuo"

Domingo XXIII-A- Ez 33,7-9 / Rm 13, 8-10 / Mt 18, 15-20

 

“Donde no hay amor pon amor y sacarás amor”. No conducen a ningún lugar las palabras descorteses, críticas, solapadas, calumnias... Esta actitud, ciertamente no fácil de vivir, muestra que la corrección (en la comunidad cristiana, ámbito familiar o escolar) ha de hacerse desde una autoridad moral que da el buen ejemplo, la prudencia y la energía al mismo tiempo, la humildad y el deseo de iluminar y acompañar el camino del hermano y guiarlo hacia la Verdad... y todo porque queremos a la persona y se lo hacemos ver. Más fácil criticar que corregir...

Benedicto XVI reflexionaba: “Las lecturas bíblicas de la misa de este domingo coinciden en el tema de la caridad fraterna en la comunidad de los creyentes, que tiene su fuente en la comunión de la Trinidad. El apóstol san Pablo afirma que toda la Ley de Dios encuentra su plenitud en el amor, de modo que, en nuestras relaciones con los demás, los diez mandamientos y cada uno de los otros preceptos se resumen en esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (cf. Rm 13, 8-10). El texto del Evangelio, tomado del capítulo 18 de san Mateo, dedicado a la vida de la comunidad cristiana, nos dice que el amor fraterno comporta también un sentido de responsabilidad recíproca, por lo cual, si mi hermano comete una falta contra mí, yo debo actuar con caridad hacia él y, ante todo, hablar con él personalmente, haciéndole presente que aquello que ha dicho o hecho no está bien. Esta forma de actuar se llama corrección fraterna: no es una reacción a una ofensa recibida, sino que está animada por el amor al hermano, por la búsqueda del bien de la persona amada…

¿Y si el hermano no me escucha? Jesús en el Evangelio de hoy indica una gradualidad: ante todo vuelve a hablarle junto a dos o tres personas, para ayudarle mejor a darse cuenta de lo que ha hecho; si, a pesar de esto, él rechaza la observación, es necesario decirlo a la comunidad; y si tampoco no escucha a la comunidad, es preciso hacerle notar el distanciamiento que él mismo ha provocado, separándose de la comunión de la Iglesia. Todo esto indica que existe una corresponsabilidad en el camino de la vida cristiana: cada uno, consciente de sus propios límites y defectos, está llamado a acoger la corrección fraterna y ayudar a los demás con este servicio particular. Donde hay caridad y amor allí está Dios. “No me pesa, es mi hermano”. Entendemos perfectamente que “amar es cumplir la Ley entera”.

Otro fruto de la caridad en la comunidad es la oración en común. Dice Jesús: «Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 19-20). La oración personal es ciertamente importante, es más, indispensable, pero el Señor asegura su presencia a la comunidad que —incluso siendo muy pequeña— es unida y unánime, porque ella refleja la realidad misma de Dios uno y trino, perfecta comunión de amor. Debemos esforzarnos en vivir esta concordia, armonía, dentro de la comunidad cristiana. Y para ello, sin duda es necesario, ejercitarse tanto en la corrección fraterna, que requiere mucha humildad y sencillez de corazón, como en la oración, para que suba a Dios desde una comunidad verdaderamente unida en Cristo. Que así sea con la Gracia de Dios.