4 de julio de 2026

"Venid a mi..."

XIV TO-A- Zac 9, 9-10 / Rom 8, 9.11-13 / Mt 11,25-30

. “Venid a mi”: una invitación directa, personal. No “venid” a mi doctrina, a mis enseñanzas, a mi ley… “Venid a mí”, a mi persona, a mi ser, a estar junto a mí, conmigo. Es el “encuentro con Cristo”, fruto de una relación de amor no solo de estrategias, esfuerzos personales, técnicas…  se trata de estar, caminar juntos, de sostenernos “desde dentro” de nosotros mismos, desde allí donde el amor se hace Presencia, encuentro, luz……

 

La invitación de Jesús toca el fondo del corazón humano que “busca serenidad, paz, descanso” en medio de las circunstancias de la vida. Es necesario aprender a vivir y vivir desde la humildad; dejar de apoyarnos únicamente en nuestras fuerzas y acogernos a la misericordia de Dios. Somos amados, por eso “descansamos en Él”.

 

No hay vida sin dificultades, conflictos, peligros, miedos, sufrimientos. Jesús mismo vivió la incomprensión y la Cruz. Pero, en todo, estamos invitados a vivir la serenidad y la paz interior que brota de la comunión con Dios; es la serenidad de quien sabe que la vida está sostenida por las manos del Padre y habitada por su Espíritu. El Señor no elimina mágicamente todas las dificultades de la vida; lo que hace es transformar el corazón de quien confía en Él…

 

En la unión con Jesús se descubre que la verdadera paz no depende de que todo salga bien sino de saberse acompañado en todo momento. El descanso del alma es la experiencia de descanso en Dios, confiando en que nada ni nadie puede separarnos de su amor.  En Él el corazón encuentra una morada firme donde permanecer en medio de la tormenta, la necesidad de control se convierte poco a poco en abandono filial.

 

Jesús nos hace también una invitación: “Tomad mi yugo”; el «yugo» del Señor “llevadero y su carga ligera” consiste en cargar con el peso de los demás con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro.

 

San Pablo nos recuerda que el Espíritu de Dios habita en nosotros; la vida cristina no es solo un esforzarse más o cumplir unas normas, es, ante todo, una transformación interior. La prioridad del Espíritu, frente a las apetencias de la “carne” (que en Pablo no designa al cuerpo humano sino a las tendencias que nos alejan de Dios), es camino de santidad y salvación. La cuestión es dar entrada en nuestra vida (cuerpo, alma) al Espíritu que es de Cristo y de Dios. Sólo la Presencia de Jesucristo en la vida justifica; sólo la presencia de quien es Bueno nos hace buenos...  Tenemos la ocasión de aceptar la sombra refrescante que el propio Jesús nos ofrece, “descansando confiadamente en el Él”. Que así sea con la Gracia de Dios.

 

13 de junio de 2026

"Curad enfermos, limpiad leprosos... gratis habéis recibido, dad gratis".

XI DOMINGO TO -A- Ex 19,2-6a / Rom 5, 6-11 / Mt 9, 36-10, 8-

 

El evangelio que hemos escuchado hoy inicia el Discurso Apostólico de Jesús, segundo de los cinco grandes discursos del evangelio de Mateo.  Es un verdadero esbozo de lo que significa y es la misión. Subrayo dos puntos:

 

. La misión nace de la compasión, que es percibir al otro realmente en su situación; de la escucha auténtica y piadosa que lleva a conmoverse interiormente, a sentir con la persona que habla y a “mirar con los ojos de Dios”. La primera lectura nos muestra cómo Dios “ha visto” la “aflicción de su pueblo” y se acerca a los israelitas para llevarlos “sobre alas de águila” y hacerles “una nación santa”. Es necesario mirar al interior, con los ojos dulces y compasivos de Jesús; solo así se descubre la miseria, el vacío, la desilusión..., grandeza, belleza, profundidad... que anida en el corazón del hombre.

 

. Recuerdo las palabras del Papa en centro penitenciario Brians 1:

“Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. San Agustín, en sus Confesiones, nos comparte su itinerario vital y nos habla de ello; si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones.

Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su rostro. Dejémonos acompañar por su amor. Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar. Hoy, Él continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Sólo espera que le demos una oportunidad.

Queridos amigos y amigas, os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”.

Y en Montjuic:

… estas noches —que acompañan nuestra vida, el camino de la fe y la historia en la que vivimos— son un lugar de bendición, un espacio para renacer, un vientre que siempre alumbra vida nueva. Estas noches nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos quitan las máscaras humanas y religiosas que usamos de día, para que no nos reconozcan o para dar una imagen de nosotros diferente de lo que somos; nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras, devolviéndonos a la humildad de sabernos mirar en la verdad, más allá de la presunción de pensar que nuestro camino ya esté cumplido y que avancemos como si tuviéramos una luz clara sobre todo, sobre todos e incluso sobre Dios.

. La misión es un servicio gratuito. Se trata de dar gratis lo que gratuitamente se ha recibido de Dios. La Buena Noticia de la Salvación de Dios para el hombre no se tasa ni se vende; nadie queda excluido de la pertenencia al Reino. Nos ha dicho san Pablo que “la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”. De enemigos hemos pasado a ser amigos, de amigos a hijos y todo porque Dios ama al hombre.  ¿Pruebas? No existe mayor prueba de amor que dar la vida por el otro...

 

El papa León XIV en el templo de La Sagrada Familia:

 

“No habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción. Su

imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una

carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra

gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto

de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama. Puesto que somos

templo del Espíritu Santo (cf. 1 Co 6,16.19), esta obra coincide con nuestra vida, que

Dios concibe como una obra maestra que debemos realizar juntos y nos llama a

colaborar con Él (cf. 1 Co 3,9)”.