17 de octubre de 2026

"Al César lo que es del César... a Dios lo que es de Dios".

DOMINGO XXIX T.O. -A- Is 54, 1.4-6/Tes 1, 1-5b/Mt 22, 15-21 

 

. “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

No se dice: o Cesar o Dios; se dice: Cesar y Dios, pero con separación, cada uno en su “lugar”, para no caer en la idolatría del poder. El Reino está en el mundo donde germina, crece, se desarrolla, pero no es del mundo, ni se identifica con el mundo... César y Dios nunca al mismo nivel: Cesar responde ante Dios (“Yo soy el Señor, tu Dios, no hay otro; fuera de mí no hay Dios”, nos ha recordado el profeta Isaías”). No estamos obligados a servir a dos señores; estamos llamados a servir a Dios, a la conciencia, al alma que es de Dios y, desde Dios, servimos al hermano….

 

. Jesús no se deja enredar pese a los elogios: “sabemos que eres sincero, que enseñas el camino de Dios, que no te fijas en apariencias…”, por ello no pierde la libertad de decir aquella verdad que rompe las ataduras de quienes buscan a Dios y habla desde su experiencia, buscando revelar esa verdad profunda, integral, que da sentido a la vida, a las opciones y acciones que realizamos. Los cristianos somos ciudadanos del mundo: vivimos los valores evangélicos; mantenemos una postura moral y ética, no ideológica, un compromiso con la realidad para defender la dignidad de la vida humana, desde el nacimiento a la muerte natural, el ejercicio de la libertad de profesar la fe, de celebrarla, de servir a los hombres-mujeres con amor, colaboramos en las causas justas con todas las personas de buena voluntad, pagamos los impuestos, no nos evadimos de la responsabilidad (personal e institucional) en la transformación de aquellas estructuras que deben garantizar el bien común, la justicia y la paz... siempre con la conciencia de  obedecer a Dios antes que a los hombres... La obediencia a Dios es un bien para la persona y la sociedad.

 

. No podemos mantenernos en la ambigüedad, en una doble moral o pertenencia o en una religiosidad superficial porque ello degenera en indiferencia o en actitudes fundamentalistas que hieren en profundidad a la persona y a la convivencia. Así actuaban en el fondo los fariseos y herodianos que hoy preguntan a Jesús en el evangelio solo para ponerle a prueba o para justificar sus posturas, su legalismo y poca credibilidad.

. Dios, mediante la Encarnación, se ha revelado, ha entrado en diálogo con la persona en el corazón de la historia, por ello estamos llamados a crear lazos de fraternidad en la búsqueda del bien común. No se trata de contraponer realidades, sino de ser creativos en la vivencia de la fe y en el compromiso con la realidad. Como Jesús, es importante no caer en las trampas de quienes quieren, por derecha o por izquierda, uniformar o formatear tanto a las personas, como a las instituciones o a la realidad. Como Jesús, estamos llamados a responder siempre desde nuestra experiencia de Dios y desde nuestra fe.

Que así sea con la Gracia de Dios.