13 de junio de 2026

"Curad enfermos, limpiad leprosos... gratis habéis recibido, dad gratis".

XI DOMINGO TO -A- Ex 19,2-6a / Rom 5, 6-11 / Mt 9, 36-10, 8-

 

El evangelio que hemos escuchado hoy inicia el Discurso Apostólico de Jesús, segundo de los cinco grandes discursos del evangelio de Mateo.  Es un verdadero esbozo de lo que significa y es la misión. Subrayo dos puntos:

 

. La misión nace de la compasión, que es percibir al otro realmente en su situación; de la escucha auténtica y piadosa que lleva a conmoverse interiormente, a sentir con la persona que habla y a “mirar con los ojos de Dios”. La primera lectura nos muestra cómo Dios “ha visto” la “aflicción de su pueblo” y se acerca a los israelitas para llevarlos “sobre alas de águila” y hacerles “una nación santa”. Es necesario mirar al interior, con los ojos dulces y compasivos de Jesús; solo así se descubre la miseria, el vacío, la desilusión..., grandeza, belleza, profundidad... que anida en el corazón del hombre.

 

. Recuerdo las palabras del Papa en centro penitenciario Brians 1:

“Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. San Agustín, en sus Confesiones, nos comparte su itinerario vital y nos habla de ello; si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones.

Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su rostro. Dejémonos acompañar por su amor. Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar. Hoy, Él continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Sólo espera que le demos una oportunidad.

Queridos amigos y amigas, os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”.

Y en Montjuic:

… estas noches —que acompañan nuestra vida, el camino de la fe y la historia en la que vivimos— son un lugar de bendición, un espacio para renacer, un vientre que siempre alumbra vida nueva. Estas noches nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos quitan las máscaras humanas y religiosas que usamos de día, para que no nos reconozcan o para dar una imagen de nosotros diferente de lo que somos; nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras, devolviéndonos a la humildad de sabernos mirar en la verdad, más allá de la presunción de pensar que nuestro camino ya esté cumplido y que avancemos como si tuviéramos una luz clara sobre todo, sobre todos e incluso sobre Dios.

. La misión es un servicio gratuito. Se trata de dar gratis lo que gratuitamente se ha recibido de Dios. La Buena Noticia de la Salvación de Dios para el hombre no se tasa ni se vende; nadie queda excluido de la pertenencia al Reino. Nos ha dicho san Pablo que “la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”. De enemigos hemos pasado a ser amigos, de amigos a hijos y todo porque Dios ama al hombre.  ¿Pruebas? No existe mayor prueba de amor que dar la vida por el otro...

 

El papa León XIV en el templo de La Sagrada Familia:

 

“No habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción. Su

imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una

carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra

gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto

de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama. Puesto que somos

templo del Espíritu Santo (cf. 1 Co 6,16.19), esta obra coincide con nuestra vida, que

Dios concibe como una obra maestra que debemos realizar juntos y nos llama a

colaborar con Él (cf. 1 Co 3,9)”.

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