12 de mayo de 2011

"YO HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA..."

IV DOMINGO DE PASCUA-A- Hch 2,14ª. 22-33 / 1 Pe 1,17-21 / Lc 24,13-35

            El mensaje de la Palabra de Dios es claro: Jesús es la puerta para ir al Padre y también para ir al hermano. Una  puerta que se abre para nosotros y nos ofrece un camino nuevo y único para que cada persona que quiera pueda atravesarla y encontrar la verdad y la libertad. Y no sólo eso, Jesús es  el pastor que nos ayuda a entrar por ella. Es el Buen Pastor que, sin haber cometido pecado,  sufre la pasión por nosotros, carga con nuestras debilidades, sube al leño de la cruz para darnos ejemplo, curarnos las heridas del pecado y darnos vida.      

En un primer momento del texto evangélico Jesús lanza un duro juicio contra quienes no saben custodiar el rebaño, contra quienes se aprovechan de él,  viven a su costa y lo abandonan a su suerte; después, subraya:

. El que es buen pastor “llama a sus ovejas una por una”. Antes de hablar  de masa anónima se relaciona personalmente con cada uno; a cada uno llama por el propio nombre (“María-Rabboni/Maestro”, resuena en la mañana de la Resurrección). Para Él cada uno de nosotros somos únicos e insustituibles;  es hermoso pensar que no somos considerados como objeto de consumo, sino como  un sujeto con nombre propio llamado a crear y producir una nota original en el concierto del universo. 

. El que es buen pastor “camina delante de las ovejas”, abriendo la ruta y afrontando los retos y peligros. Jesús no se quedó en la retaguardia, fue siempre el primero en dar ejemplo (“Si yo el Maestro y el Señor os he lavado los pies...”), sin más interés que el bien de la persona. Por eso siguiendo sus pasos y escuchan su voz,  que es de fiar,  vamos tranquilos y seguros aunque caminemos “por cañadas oscuras”.

. El que es buen pastor prioriza a la persona y nos da una perspectiva para que vivamos abundantemente, desde la ilusión y la esperanza que no defrauda (“He venido para que tengan vida y vida en abundancia”. Es necesario desarrollar todas las capacidades de amar y de dar vida a otros. Escribía Luís de Góngora: “Oveja perdida ven sobre mis hombros que hoy no solo tu pastor soy sino tu pasto también”.

            Todos, en nuestra misión familiar, profesional, educativa…, podemos aprender del Buen Pastor a caminar primeros con el ejemplo de la propia vida, a vivir aquello que pedimos vivan los demás, a conocernos  por el propio nombre..., a dar la vida. y a entrar juntos por la Puerta  que conduce a la Vida y a la  salvación. Identificados con Cristo, Buen Pastor, empapados de sus sentimientos y actitudes,  dando razón de nuestra fe y de nuestra esperanza,  viviendo los valores del Evangelio… podemos ser pastores de humanidad, de perdón y misericordia en el mundo de hoy.

Iluminada por el mensaje de este domingo  IV de Pascua la Iglesia celebra la XVI Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, bajo el lema: “Promover las vocaciones en la Iglesia local”. Escribe Benedicto XVI: “El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús llama a sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero…En primer lugar, aparece claramente que el primer acto ha sido la oración por ellos: antes de llamarlos, Jesús pasó la noche a solas, en oración y en la escucha de la voluntad del Padre (cf. Lc 6, 12), en una elevación interior por encima de las cosas ordinarias. La vocación de los discípulos nace precisamente en el coloquio íntimo de Jesús con el Padre. Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el Dios vivo y de una insistente oración que se eleva al “Señor de la mies” tanto en las comunidades parroquiales, como en las familias cristianas y en los cenáculos vocacionales”.

Quienes, en la Iglesia, tienen encomendada la tarea de ser pastores de los hermanos solo podrán reclamar este nombre sin rubor si siguen el modelo del Buen Pastor que camina dando ejemplo y ofreciendo  la vida  que nace del encuentro con el Señor. Que así sea con la Gracia de Dios.