III DOMINGO DE PASCUA -A- Hech 2,14.22-28 / 1 Pe 1,17-21 / Lc 24,13-35
El encuentro con Jesús Resucitado cambió la vida de aquellos dos discípulos de Emaús (aldea cercana a Jerusalén). Se habían marchado de la comunidad. Caminaban tristes, con los ojos cerrados, sin esperanza ni ilusión. Y ahora, tras reconocerle en la fracción del pan, se les abren los ojos, su corazón se llena de esperanza y corren llenos de alegría hacia la comunidad, a dar testimonio de su experiencia. Y se encontraron con una comunidad que celebra la buena noticia: “Es verdad: ha resucitado el Señor y se ha aparecido”.
Es también admirable lo que le sucedió a Pedro. Por miedo a ser detenido había negado a Jesús, días antes. Pero su cobardía se transforma en un valiente testimonio ante todo el pueblo, como hemos leído en los Hechos: “Os hablo de Jesús...vosotros los matasteis, pero Dios lo resucitó venciendo las ataduras de la muerte”. La Presencia y el anuncio de Jesús Resucitado es la razón, el fundamento de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestro anuncio. Nos lo ha dicho Pedro: “Por Cristo, vosotros creéis en Dios...y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza”.
Hermanos: debemos vivir como personas de esperanza, comunicar a todos, sin miedo, la vida y la alegría que Jesús nos ha dado. Si somos hijos de Dios, hermanos en Jesús, eso deberá cambiar nuestra vida y llenarla de sentido. Nosotros, que no hemos conocido “personalmente” a Jesús, podemos experimentar el encuentro con El:
. En la comunidad reunida. “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Los discípulos de Emaús volvieron y encontraron a la comunidad reunida. Los cristianos nos reunimos para celebrar la Eucaristía y aquí se hace presente el Señor Resucitado;
. En la Palabra que se nos proclama y que acogemos, meditamos, estudiamos…Cristo nos habla y se nos da como luz, guía, orientación...;
. En la fracción del pan. “Y contaron cómo lo habían reconocido al partir el pan”. El Señor se nos da como alimento de Vida en ese Pan y ese Vino que ofrecemos en cada Eucaristía y que son su misma Persona.
. Encender una luz en la oscuridad, vencer el miedo y el desánimo, vivir sin rendirnos jamás, mantener viva la esperanza… Jesús nos acompaña en el camino, se hace el encontradizo, nos recuerda una lección permanente: la Luz pasa por la cruz, la Luz ilumina las cruces y las oscuridades, la Luz nos permite reconocer al otro en sus palabras, en sus gestos… la Luz se manifiesta también en la comunidad que celebra, parte y comparte la Palabra y el Pan y esto es la Iglesia, somos nosotros.
. Cuando vivimos la experiencia de encuentro con el Señor u otra experiencia positiva de encuentro con las personas esto siempre nos anima, sentimos una mirada nueva sobre la realidad, el mundo, el futuro. Por eso es tan importante el encuentro fraterno que nos abre a nuevos horizontes de vida. Pidamos al Señor que “nuestra fe y nuestra esperanza estén siempre puestas en Dios” y el don de reconocerlo y anunciarlo los hermanos. Que así sea con la Gracia de Dios.
17 de abril de 2026
Re: "Es verdad: ha resucitado el Señor"
10 de abril de 2026
"Señor mío y Dios mío"
II DOMINGO PASCUA -A- Hech 2,42-47/1 pe 1,3-9/Jn 20,19-31
“El día primero de la semana entró Jesús y se puso en medio de ellos”. Es el día del Señor, en el que desde hace dos mil años la comunidad cristiana se va reuniendo para celebrar la Eucaristía, para participar de la mesa de la Palabra y el Pan. Es el día en el que experimentamos de una manera más intensa la presencia del Resucitado, esa presencia que ha de llenarnos de alegría y esperanza, como animó y cambió la vida a los primeros discípulos.
Al celebrar la Pascua del Señor no solo recordamos la resurrección, sino que está presente en la comunidad reunida, en la Palabra proclamada y particularmente en ese Pan y ese Vino que él mismo ha querido darnos como alimento para el camino. Por eso el domingo es el día del Señor y “nuestro día”, el de cada uno de nosotros, de nuestras familias, de la comunidad. El día de la “misericordia”.
En el libro de los Hechos -escucharemos en Pascua- se nos ha descrito cómo era la primera comunidad:
. Es una comunidad de creyentes. “Creemos que Jesús es el mesías, el Hijo de Dios”, escuchamos en el Evangelio. Y aunque “no hemos visto personalmente a Jesucristo, lo amamos; no le vemos, pero creemos firmemente en El”, como dice Pedro. Todo esto lo tenemos en común, es nuestra fe.
. Es una comunidad sacramental. La fe en Cristo se expresa y aumenta en los sacramentos. En el bautismo “por el que nacemos de nuevo” y por el que somos agregados a la Iglesia. En la Reconciliación, que Jesús encargó a su Iglesia y muestra su misericordia infinita. Y en la Eucaristía, memorial de su Pasión y Resurrección.
. Es una comunidad fraterna y misionera. La fe se hace vida en la búsqueda de caminos de unidad y de compartir. Esto hace creíble el testimonio en medio de la sociedad; gracias a ese ejemplo el “Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando”. Estamos llamados a construir fraternidad; somos “discípulos-misioneros” que llevan la alegría de la Pascua a las propias familias y ambientes.
Aprendamos de la primera comunidad cristiana, que se describe en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Tenían sus problemas, no eran “perfectos”, pero habían recibido misericordia y vivían con misericordia; eran “una sola alma y un solo corazón” y esta unidad la mantenían y cuidaban mediante la escucha de la Palabra, la celebración de la fracción del Pan, la acción caritativa. No es ideología, es cristianismo. Hoy, “el amor desarmado y desarmante de Jesús resucita el corazón del discípulo”. Que también nosotros, como el apóstol Tomás, acojamos la misericordia, salvación del mundo, y seamos misericordiosos con el que es más débil: “Señor mío y Dios mío”. Sólo así construiremos un mundo nuevo. Que así sea con la Gracia de Dios.