21 de marzo de 2026

"Yo soy la Resurrección y la Vida..."

V DOMINGO DE CUARESMA- Ez 37, 12-14/Rom 8, 8-11/ Jn 11, 1-45 -II

 

Hoy descubrimos, en el signo de la resurrección de Lázaro, que él, Jesús,  "es la Vida". Ya la lectura de Ezequiel nos introduce en el tema: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir, pueblo mío y os traerá a la tierra de Israel". Palabras dirigidas a los desterrados de Babilonia que significan un anuncio esperanzador de reconstrucción de la libertad. El pueblo poco a poco va entendiendo que "Dios no es un Dios d muertos sino de vivos", capaz de vencer a la muerte y de conducir al hombre, por la fuerza del amor, a la superación del dolor, la esclavitud, el temor....

 

Es la idea que nos transmite hoy el evangelio de Juan.  Una escena llena de emoción, humanidad, cercanía...Jesús, ante sus amigos, comparte el dolor. Impresionan siempre las lágrimas de un hombre o una mujer. Impresionan las lágrimas del Hijo del hombre. Más de una vez lloró Jesús: de compasión, de pena, de dolor; él, que había venido a enjugar nuestras lágrimas... es capaz de hacerlo precisamente porque ha sabido llorar.  Jesús tenía que experimentar nuestras dolencias, para poder ser compasivo. "Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado" (Hb 4, 15).

 

Nadie nos puede decir: si creéis en la resurrección de los muertos y en la vida futura, ¿por qué os afligís tanto por la muerte de un ser querido?, ¿dónde está vuestra fe y vuestra esperanza? No. La esperanza del futuro ilumina la realidad presente, pero no la destruye. Es como el que, ante el nacimiento de un niño, no se alegrara, porque algún día tendrá que morir. Todo tiene que ser vivido, y con intensidad. En todas las muertes y desgracias, Jesús llora con nosotros; es compasivo y misericordioso. Esta es su primera respuesta ante el dolor y la muerte: la compasión y las lágrimas. Esta es su primera medicina. Aunque no hiciera otra cosa, ya es una buena noticia el decirnos que Dios también llora, que Dios es aquel que llora por la muerte de un amigo, que Dios es aquel que llora siempre con nosotros.

 

Al mismo tiempo Jesús nos dice: "Sal fuera", "Sal del sepulcro", "Sal de ti", "Deja de atarte pies y manos con tus propias vendas" (mediocridad, rutina, miedo, pesimismo, muerte espiritual...), invitándonos a experimentar esa vida nueva que él nos ofrece, a vivir a fondo nuestro bautismo amando con el amor que él nos ama, a no perder la ilusión por la vida, la confianza en las personas, mirada en el futuro.... Lo hacemos desde la certeza de la fe que nos recuerda que la muerte no es la meta, el fin; aunque inevitable, es un tránsito hacia la salvación que es la vida eterna que empieza ya aquí. Lo único que puede vencer a la muerte es el amor. La vida espera de nosotros una actitud positiva, de lucha y esperanza...Nos afligimos, clatro que sí, pero no como quienes no tienen esperanza. ¡El hombre es un ser para la vida! Desde la venida de Cristo hemos quedado libres, no del mal de sufrir, sino del mal de hacerlo inútilmente.

 

Pablo nos llama a vivir no según la carne (criterios del mundo y el egoísmo-individualismo que lleva a la muerte) sino según el Espíritu (según Dios). Por eso, frente a todos aquellos hechos (violencia, terrorismo, abusos, maltratos...) que parecen obedecer a una cultura de la muerte o a una insensibilidad moral frente a la dignidad de toda vida humana..., los creyentes en la Vida debemos trabajar y defender la vida en todos sus momentos y situaciones. Que así sea con la Gracia de Dios.

14 de marzo de 2026

"... ahora sois luz".

IV DOMINGO DE CUARESMA -A- 1 Sm 16,1b.6-7.10-13a/Ef 5,8-14/Jn 9,1-41

 

. Ciego de nacimiento. La gente le mira como un pecador castigado por Dios; los discípulos se preguntan si el pecado es del ciego o de sus padres… pero Jesús le mira de un modo diferente. Mira el interior, el corazón.  Desde que lo ha visto solo piensa en rescatarlo de la vida que lleva, del rechazo que sufre por parte de todos. La misión de Jesús es dar Luz, acoger, liberar, curar precisamente a quienes viven despreciados y humillados; devolver la conciencia de la propia dignidad, del propio valor manifestándole su amor.

 

. En torno a la escena  están magistralmente descritas otras actitudes ante el hecho de la luz: los que son meros espectadores que no comprenden el significado del signo  ni cambian en su vida; los que tienen miedo a las consecuencias de ver la luz que exige vivir de otra manera, los padres del ciego que no quieren problemas, los que se quedan en meras y estériles discusiones teológicas sobre el origen del mal, olvidando la responsabilidad y las respuestas frente a ese mal… quizás nos vernos  reflejados en alguna de estas  actitudes pero, podemos también,   como el ciego, abrirnos a la Presencia de Dios  que viene a nuestro encuentro en todos los momentos y circunstancias de nuestra vida;  tenemos que aprender a ver más allá de las apariencias.

 

. ¿Qué significa tener la verdadera luz, caminar en la luz? Significa ante todo abandonar las luces falsas: la luz fría del prejuicio contra los demás, porque el prejuicio distorsiona la realidad y nos carga de rechazo contra quienes juzgamos sin misericordia y condenamos sin apelo.  Significa no dejarse guiar por la seductora y ambigua luz, es la del interés personal: si valoramos hombres y cosas en base al criterio de nuestra utilidad, de nuestro placer, de nuestro prestigio, no somos fieles a la verdad en las relaciones y en las situaciones. Si vamos por este camino del buscar solo el interés personal, caminamos en las sombras. Cada uno de nosotros está llamado a acoger la luz divina para manifestarla con toda su vida. Los primeros cristianos, los teólogos de los primeros siglos, decían que la comunidad de los cristianos, es decir, la Iglesia, si el «misterio de la luna», porque daba luz pero no era una luz propia, era la luz que recibía de Cristo. Nosotros también debemos ser el «misterio de la luna»: dar la luz recibida del sol, que es Cristo, el Señor.

 

. Nos ha recordado San Pablo que quienes "hemos recibido el bautismo hemos  pasado de las tinieblas a la luz ("erais tinieblas, ahora sois luz") y debemos  practicar las obras de la luz (bondad y la justicia) buscando siempre agradar al Señor permaneciendo en la unidad del cuerpo de Cristo.  Las tinieblas son estériles.  "Busquemos lo que nos hace ver (verdad, misericordia…); rechacemos lo que nos ciega (prejuicios, pecado…). Miremos más al corazón de las personas; a los ojos del que sufre antes que al manual de instrucciones.... No seamos ciegos voluntarios. Vamos a encender la luz sin temor. Pidamos la Luz. Seamos luz. Que así sea con la Gracia de Dios. La humildad de quien se sabe necesitado de luz… de ahí nace la fe…

 

Solo la fe nos hace capaces de ver realmente: Gerardo Diego escribía:

"Están mis ojos cansados de tanto ver luz sin ver;

por la oscuridad del mundo voy como un ciego que ve.

Tú que diste vida al ciego y a Nicodemo también,

Filtra en mis secas pupilas dos gotas frescas de fe.

Porque Señor, yo te he visto y quiero volverte a ver,

Creo en Ti y quiero creer".

…, porque la fe,  abre a la verdad.