8 de abril de 2010

"...SE LLENARON DE ALEGRÍA AL VER AL SEÑOR"

II DOMINGO DE PASCUA -C- Hch 5,12-16/Ap 1, 9-11.17-19/Jn 20, 19-31

 

            El misterio pascual es presentado, en los textos evangélicos, en forma de apariciones. Son catequesis que contienen casi todas los mismos elementos: aparición de forma inesperada; iniciativa de Jesús; reconocimiento del Señor; paso del desaliento a la alegría al convencerse de que Jesús, el crucificado, vive de un modo nuevo; envío a continuar su misma misión entre las gentes. Hoy leemos dos apariciones sucedidas a los ocho días, como las eucaristías dominicales. En la primera no está Tomás, uno de los Doce; en la otra, el escéptico Tomás percibe la presencia de Jesús, lo expresa con una sentida confesión de fe: "¡Señor mío y Dios mío!" y obtiene una bienaventuranza válida para todos nosotros: "dichosos los que crean sin haber visto". Juan cierra su evangelio diciendo que "estos signos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre".

El evangelista recuerda que:"Los discípulos estaban en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos". Hay quien piensa que el "cerrar las puertas" se ha convertido en algo innato de la Iglesia particularmente en tiempos en los que  se debilita la fe. El "cerrar puertas" tras la Pascua, está motivado por el miedo: a los judíos, a la renovación, a los progresos de la ciencia, a la evolución social, a la pérdida de poderes y privilegios. No deja de ser curioso que Juan Pablo II y Benedicto XVI iniciaran sus ministerios con discursos similares: "No temáis, abrid más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo", el primero; "No tengáis miedo de Cristo. Él no quita nada y lo da todo. Quien se da a Cristo, recibe el ciento por uno. Sí, abrid de par en par las puertas a Cristo y encontrareis la vida eterna", el segundo. Puertas abiertas a Cristo y puertas abiertas en la Iglesia: para mostrar nuestra fe a todos los hombres y mujeres con alegría, firmeza y sin complejos; con transparencia, acogida fraterna, participación y diálogo sincero; en el  reconocimiento de los propios pecados y la búsqueda permanente de nuevas formas, palabras, métodos… para que, como escuchamos en  la plegaria eucarística "Jesús, nuestro camino":  "tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando". No lleva a ningún sitio el miedo, el ocultar la realidad de las cosas para mantener el prestigio o no perder parcelas de poder,  el proteger a quien, por su bien y el de todos, ha de ser  ayudado en  su conversión…

Los encuentros con el Resucitado -las apariciones- son experiencias rehabilitadoras. En nada se parecen a un "ajuste de cuentas", como humanamente sería de esperar; ante la deserción de los discípulos en el momento de la Pasión,  no hay ni la más mínima queja de Jesús. Él sólo ama, como el Padre: se fía, espera, aguanta el ritmo de fe. Dichosos los que vayan creyendo: encontrarán siempre vida en su nombre, curación de los males físicos y espirituales y, sobre todo, la Misericordia única que pone un límite al mal. Jesús, dice el evangelio, "puesto en medio" les entrega el don por excelencia: el Espíritu Santo. Con él va su paz, su alegría, su perdón, su misión. Son frutos de la adhesión al Resucitado. Creer en su amor de verdad y dejarse llevar de su Espíritu produce paz, alegría, perdón y compromiso con el Reino. No hay temor en quien actúa movido por el Espíritu del señor Resucitado.

            "El pueblo cristiano, señala el Papa, está llamado a llevar a todos el fruto de la Pascua, que consiste en una vida nueva, liberada del pecado y restaurada en su  belleza originaria, en su bondad y verdad. A lo largo de dos mil años los cristianos, especialmente los santos,  han fecundado continuamente la historia con la experiencia viva de la Pascua. También hoy la humanidad necesita la salvación del Evangelio para salir de una crisis profunda que pide cambios profundos comenzando por las conciencias". Que así sea con la Gracia de Dios.

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